Todo vestido de azul cuando su alma es negra. (Guillaume Apollinaire)
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domingo, 30 de agosto de 2009

Rosas Rojas

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Rosas Rojas









Tenía todas sus entrañas
desparramadas por el suelo,

abierto era como un humo
de palomas quemadas, eran las doce
en el reloj del cementerio.

Arrojado a su vida no contaba
las balas que la miel guardaba
en su seno de nuez verde
aquella mañana de estrellas blancas
que quiso ser un muerto
y se arrancó las manos y se comió
todos los huesos; anduvo errado
como un color por el día, restaurando
los sitios, los percheros, se quedaba
atónito de estar vivo todavía.


La tarde vendría a embarrar el reloj,

la tarde pequeña, una tarde amante
con un tango y su cara de dos lunas,
su junco de dos aguas
y un cuarto de corazón.


En algún lugar había sonado un beso.

Correr tras el reloj, tomar sus manecillas
por torsos de gaviotas, arremeter contra el monstruo
afilado de los cuentos, amar la oscuridad
por sus ojos infinitos. Abierto era
como un himno de palomas mojadas.

Ahora la visión buscaba la armonía,
se había dividido en tantas partes
que no cabía en el ataud
y decidió tomar otro sendero.

Lo que fuera, ya pasó,
el miedo derrama uvas en su garganta.











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2 comentarios:

Poeta Carlos Gargallo dijo...

Bellísimos y buenísimos versos, felicidades, un abrazo.

Pilar García Puerta dijo...

Hola, gracias